¿Qué ocurre cuando alguien no es reconocido como sujeto, sino reducido a objeto?

Por Koncha Pinos

Entre las voces más influyentes del psicoanálisis contemporáneo, la de Jessica Benjaminocupa un lugar decisivo. Psicoanalista, teórica feminista y profesora de la New York University, Benjamin se convirtió en una figura clave del movimiento conocido como psicoanálisis relacional. Desde los años ochenta introdujo una pregunta que transformó la manera de entender los vínculos: ¿qué ocurre cuando alguien no es reconocido como sujeto, sino reducido a objeto? Su respuesta fue clara y contundente: aparece la cosificación, ese patrón cultural y psicológico que convierte a la persona en cosa, negándole su voz, su deseo y su capacidad de existir en reciprocidad.

En su obra más conocida, The Bonds of Love (1988), Benjamin analiza cómo las mujeres han sido educadas para convertirse en objetos de deseo, de intercambio o de cuidado, más que en sujetos plenos de reconocimiento. El patriarcado no se sostiene solo por la dominación externa, sino también por el modo en que interrumpe la posibilidad de una relación equilibrada entre dos subjetividades. Allí donde uno es el sujeto activo y el otro queda relegado a objeto pasivo, lo que se instala no es amor, sino cosificación. El drama es que esta dinámica se vive a menudo como algo “normal”, porque se disfraza de afecto, de cariño o de cuidado, cuando en realidad lo que falta es la mirada que reconoce al otro en su dignidad.

Para Benjamin, la salida a este círculo es lo que ella denomina intersubjetividad. El término designa una relación en la que ambos se reconocen mutuamente como sujetos, capaces de deseo, de palabra y de existencia propia. La intersubjetividad no significa simetría perfecta ni ausencia de conflictos, sino la posibilidad de que cada uno pueda decir “yo” y al mismo tiempo reconocer al “tú” que tiene enfrente. Allí donde la cosificación corta la mirada, la intersubjetividad la restituye. Allí donde una mujer es tratada como cosa, la posibilidad de ser reconocida como sujeto abre el camino hacia un vínculo verdadero.

Pensemos en una mujer cualquiera. Vive una relación en la que cree ser amada, pero advierte poco a poco que sus decisiones no cuentan, que su voz no es escuchada y que su cuerpo se trata como espacio disponible. Ella experimenta tristeza, vacío y cansancio, pero no sabe cómo nombrar lo que le ocurre. Cuando se encuentra con las ideas de Benjamin, descubre que lo que vive tiene un nombre: cosificación. Ese descubrimiento le permite algo más que comprender: le ofrece la posibilidad de desobedecer el patrón. Al reconocer que merece una relación intersubjetiva, empieza a poner límites, a reclamar su voz, a rechazar la idea de ser lo Otro y a afirmar su derecho a ser sujeto.

La importancia del trabajo de Benjamin es que traslada el problema del ámbito individual al cultural y político. La cosificación no es un accidente personal, sino un patrón estructural que se transmite de manera inconsciente y que organiza los vínculos. Pero esa misma fuerza que lo sostiene también puede ser transformada: cada vez que alguien logra verse a sí misma como sujeto y reclamar la intersubjetividad, algo se rompe en la cadena de dominación. Lo que parecía eterno se revela frágil. El hechizo se desvanece.

El camino que Benjamin propone no es fácil, porque exige coraje y exige conciencia. Implica nombrar lo que ocurre aunque duela, y asumir que el amor, si no es intersubjetivo, no es amor, sino repetición del patrón de cosificación. Exige aprender a reconocer al otro como un ser completo y esperar lo mismo de vuelta. Ese gesto íntimo tiene un alcance enorme, porque no solo libera a la mujer que lo practica, sino también transforma al hombre que aprende a dejar de ocupar el lugar de sujeto absoluto para encontrarse en la reciprocidad.

Koncha Pinos es escritora y pionera en el campo de la neuroestética. Fundadora de The Wellbeing Planet, con presencia en 49 países, ha dedicado más de tres décadas a investigar la relación entre arte, conciencia y bienestar. Autora de 27 libros y galardonada con premios internacionales como el Luxembourg Peace Prize, el Premio UNESCO, el Premio de Derechos Humanos de Europa y el Premio de la Paz de Querétaro, su trabajo une ciencia, contemplación y arte para abrir nuevas formas de comprender lo humano.

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