En mi nuevo artículo, «Antes de que la paz se convierta en un acuerdo», exploro una pregunta que atraviesa buena parte de mi trabajo: ¿qué condiciones permiten que los seres humanos sigamos siendo capaces de relacionarnos cuando aparece la diferencia?
La paz no es solamente ausencia de violencia. Antes del conflicto existe una forma de mirar. El otro puede seguir siendo una persona compleja o convertirse en una categoría, una amenaza, «uno de ellos». Por eso propongo pensar en una paz relacional y también en la necesidad de crear infraestructuras perceptivas: entornos, culturas у prácticas que nos enseñen a sostener la atención, tolerar la complejidad y permanecer en relación.
El artículo pone en diálogo arte, neuroestética, biofilia, Ubuntu, contemplación y longevidad. Porque el arte puede enseñarnos a mirar de nuevo; la naturaleza, a recordar nuestra interdependencia; y Ubuntu, a comprender que no llegamos a ser plenamente humanos al margen de los demás.
Quizá la paz empiece precisamente ahí: cuando el otro continúa siendo más complejo que nuestra explicación sobre él.
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Diplomado en Ecopsicología y Terapias basadas en la Naturaleza (2 años)
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