La pregunta no es nueva, pero sigue siendo urgente. ¿Por qué fracasan las parejas? ¿Por qué dos personas que se aman, que en algún momento se eligieron con convicción, que incluso han trabajado sobre sí mismas y han aprendido herramientas relacionales, terminan atrapadas en dinámicas repetitivas de dolor, distancia o ruptura? La respuesta no puede reducirse a la falta de comunicación ni a la incompatibilidad de caracteres. Tampoco basta con hablar de desgaste o rutina. El fracaso vincular es más profundo y más fisiológico de lo que solemos admitir.
Leer articulo completo:




