Mañana comenzamos. Koncha Pinós

Mañana comenzamos un trabajo que tiene menos que ver con aprender algo nuevo y más con retirar capas de ruido sobre la mirada. Durante años hemos acumulado imágenes, estímulos, velocidades, formas de atención fragmentadas. Hemos aprendido a reaccionar visualmente antes incluso de percibir. Y, sin embargo, la percepción profunda no aparece por acumulación. Aparece cuando algo en nosotros se aquieta lo suficiente como para permitir que el mundo vuelva a entrar.

Este programa no nace de la fotografía entendida como producción estética ni como dominio técnico. Tampoco de la idea de la naturaleza como decoración emocional. Lo que vamos a explorar juntos es otra cosa: la posibilidad de que la percepción sea una práctica de conciencia. Una forma de relación. Una disciplina de atención. Mirar no como apropiación del mundo, sino como una forma de dejarse afectar por él.

La cámara será simplemente un pretexto. Un instrumento lento. Un modo de interrumpir el automatismo con el que normalmente atravesamos la realidad. Fotografiar, aquí, no consistirá en capturar momentos, sino en permanecer el tiempo suficiente frente a algo para que deje de ser un objeto y empiece a revelarse como presencia. En ocasiones será una sombra sobre una pared, el reflejo del agua, una hoja deteriorada, una variación mínima de luz sobre una superficie verde. Lo importante no será la imagen obtenida, sino el estado de atención desde el cual fue posible verla.

Trabajaremos también con meditación, no como evasión ni como técnica de bienestar rápido, sino como educación radical de la sensibilidad. La meditación modifica la calidad de la percepción porque modifica la calidad de la presencia. Nos permite reconocer hasta qué punto la mirada suele estar condicionada por la ansiedad, la prisa, la expectativa o la necesidad constante de interpretar. Poco a poco iremos comprendiendo que percibir exige una forma de silencio interior, y que ese silencio no es vacío, sino disponibilidad.

A medida que entrenamos la percepción externa, inevitablemente comenzamos también a percibir de otra manera nuestro paisaje interno. Cambia la forma en la que vemos el entorno, pero también la manera en la que registramos nuestras emociones, nuestros ritmos, nuestras reacciones y nuestros estados de atención. Exterior e interior dejan entonces de funcionar como territorios separados. Lo que sucede en uno modifica inmediatamente al otro.

Para nuestra primera sesión online me gustaría pedirles algo muy simple: que preparen un pequeño espacio de atención. Necesitarán tener cerca una cámara o teléfono móvil, no importa cuál. No trabajaremos desde la perfección técnica, sino desde la precisión perceptiva. También les recomiendo tener un cuaderno dedicado exclusivamente a este proceso. Un lugar donde registrar imágenes, pensamientos, asociaciones, preguntas o cambios sutiles en la experiencia. No intenten escribir bien. Intenten observar con honestidad.

Les pediré también que traigan un pequeño elemento natural. Una piedra, una hoja, agua, semillas, una flor seca, tierra o cualquier objeto que provenga de lo vivo y que tenga alguna resonancia para ustedes. Trabajaremos con ello al inicio de la práctica. No como símbolo, sino como presencia concreta.

Intenten preparar un espacio tranquilo para la sesión. Bajen un poco la velocidad antes de entrar. Si pueden, eviten durante un rato el exceso de estímulo visual, las redes, el desplazamiento constante entre pantallas. Hay una diferencia enorme entre mirar algo y realmente estar ahí para verlo.

Antes de comenzar mañana, quisiera proponerles una práctica muy breve. Salgan unos minutos y hagan una sola fotografía de algo verde en su entorno. No busquen belleza. No intenten producir una imagen interesante. Simplemente deténganse el tiempo suficiente como para sentir que algo de su atención realmente ha llegado ahí.

Y después pregúntense, en silencio:

¿Qué parte de mí estaba mirando eso?

Mañana comenzamos. K

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp