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La Comunicación entre el Alma y el Cosmos por Koncha Pinos

La declaración de Pina Bausch, “Para mí, la danza es una comunicación física entre el alma y el cosmos”, ofrece una visión profunda de la danza que invita a una exploración desde diversas disciplinas, incluida la neurociencia.

La danza, con su capacidad de conectar el cuerpo, la mente y las emociones, presenta un terreno fértil para investigar cómo las experiencias estéticas impactan en el cerebro humano y cómo estas conexiones pueden ser interpretadas desde un punto de vista científico.

La danza es una forma de arte multisensorial que involucra la integración de múltiples sistemas cerebrales. Estudios neurocientíficos han demostrado que el acto de bailar activa una amplia gama de regiones cerebrales, incluidas las áreas responsables del procesamiento sensorial, la planificación motora, la memoria, la emoción y la cognición. Cuando los bailarines se sumergen en la experiencia de mover sus cuerpos en el espacio, están activando y coordinando una red compleja de regiones cerebrales que trabajan juntas para generar la experiencia estética de la danza.

Uno de los aspectos más fascinantes de la danza es su capacidad para inducir estados de flujo, un estado de conciencia caracterizado por una profunda inmersión en la actividad y una pérdida de la conciencia del tiempo y el yo. Durante estos estados de flujo, se ha observado un aumento en la actividad de regiones cerebrales asociadas con la atención, la concentración y el procesamiento sensoriomotor. Estos hallazgos sugieren que la danza puede alterar temporalmente la actividad cerebral y facilitar estados de conciencia alterados que pueden ser experimentados como una conexión más profunda con el mundo que nos rodea.

Además, la danza ha sido asociada con una variedad de beneficios para la salud mental y el bienestar emocional. Estudios han demostrado que participar en la danza puede reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo, aumentar la autoestima y promover sentimientos de conexión social y pertenencia. Estos efectos positivos pueden ser atribuidos, al menos en parte, a los cambios neurobiológicos que ocurren en el cerebro durante la práctica de la danza, incluida la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que están implicados en la regulación del estado de ánimo y la emoción.

La danza es mucho más que una forma de entretenimiento; es una expresión profundamente arraigada en la experiencia humana que involucra al cerebro en múltiples niveles. Desde la perspectiva de la neurociencia, la danza puede ser vista como una forma de comunicación entre el cuerpo, la mente y el cosmos, una experiencia que tiene el poder de alterar la actividad cerebral y promover el bienestar emocional y el florecimiento humano. Al explorar la danza desde esta perspectiva, podemos ganar una apreciación más profunda de su impacto en la experiencia humana y su potencial para transformar nuestras vidas.

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