Durante las actividades desarrolladas en Durango, México, junto a la Secretaría de Educación del Estado de Durango (SEED), esta mirada estuvo presente en diferentes espacios de encuentro con integrantes de la comunidad educativa.
La agenda permitió abordar distintas dimensiones relacionadas con el bienestar, el aprendizaje, las prácticas contemplativas, el medio ambiente y las artes. Esta diversidad de perspectivas parte de una misma comprensión: educar implica mirar a la persona en toda su complejidad.
El arte como espacio para descubrir capacidades
Dentro de las actividades desarrolladas en Durango, el encuentro “Las artes como herramienta para el bienestar y el aprendizaje” puso especialmente de manifiesto esta dimensión.
Las artes pueden convertirse en un espacio donde aparecen capacidades que no siempre encuentran lugar en los modelos tradicionales de aprendizaje: imaginación, percepción, sensibilidad, creatividad y diferentes formas de expresión.
Crear también es una manera de conocerse.
Y cuando una persona descubre que puede crear, transformar y expresar algo propio, puede comenzar a reconocer capacidades que antes permanecían ocultas.
El talento necesita acompañamiento
Tener una capacidad no significa necesariamente saber cómo desarrollarla.
El talento necesita tiempo, oportunidades, estímulo y personas capaces de acompañar los procesos sin imponer de antemano cuál debería ser el resultado.
Aquí aparece una dimensión fundamental del trabajo educativo: crear las condiciones para que cada persona pueda descubrir aquello que puede llegar a hacer.
El papel de docentes, familias, directivos y otros integrantes de la comunidad educativa resulta esencial en este proceso.
Acompañar el talento no consiste en decidir por el otro qué debe ser, sino en ayudarlo a descubrir sus propias posibilidades.
El valor del talento
Cada aula está llena de posibilidades que todavía no conocemos.
Hay talentos que necesitan una oportunidad para aparecer. Hay capacidades que requieren confianza. Hay personas que necesitan que alguien les diga: esto que haces tiene valor.
Por eso, reconocer el talento también es una forma de cuidar.
Porque cuando una comunidad educativa aprende a mirar las capacidades de cada persona, no solo está formando mejores estudiantes.
Está ayudando a construir personas capaces de reconocer su propio valor y de poner sus capacidades al servicio de los demás.
El valor del talento está también en la posibilidad de descubrirlo, acompañarlo y darle un lugar para crecer.
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Desde The Wellbeing Planet trabajamos en propuestas que integran bienestar, educación, prácticas contemplativas, creatividad y desarrollo humano, buscando generar espacios donde las personas y las comunidades puedan desarrollar sus capacidades.
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